Inés Arrimadas García, febrero de 2016

SOBRE LA REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

El 7 de junio de 2005, un grupo de intelectuales publicó un manifiesto que abogaba por la creación de un partido político catalán de orientación no nacionalista. Tras un breve pero intenso camino, aquella semilla germinó hasta convertirse en una fórmula política de éxito. Ciudadanos, tras su primera incursión en la política nacional, es hoy la cuarta fuerza política de España, tras la obtención de 40 diputados en el Congreso en las pasadas elecciones generales de diciembre de 2015.

Pero Ciudadanos es, eminentemente, un partido catalán. Inés Arrimadas García (Jerez de la Frontera, 1981) es la Presidenta del Grupo Parlamentario de Ciudadanos en el Parlament de Catalunya. Su aterrizaje en la política se produjo, según ella misma confiesa, por casualidad. Licenciada en Derecho y Administración de Empresas por la Universidad Pablo de Olavide, estudió un postgrado en Gestión Empresarial y Negocios Internacionales en el Instituto de Preparación para la Administración y la Gestión en la ciudad francesa de Niza. Posteriormente trabajó como consultora de operaciones y estrategia en la firma D’Aleph, con sede en Barcelona. Fue en 2010, tras asistir a uno de sus mitines, cuando decidió afiliarse a Ciudadanos. Desde entonces su carrera política ha sido fulgurante, primero como parlamentaria autonómica de Ciudadanos en 2012, siendo posteriormente portavoz de su grupo parlamentario. Finalmente fue candidata a la presidencia de la Generalitat en las elecciones al Parlament de Catalunya el 27 de septiembre 2015. Desde entonces asume la jefatura de la oposición en Cataluña.

Vivimos tiempos convulsos, en los que el sistema de convivencia que nos es propio se encuentra sujeto a un intenso clima de contestación social. Cada día aumenta la desconfianza de una ciudadanía que asiste, inerme, a la dilución de algunos valores que han resultado no ser tales. Son también frecuentes el cansancio y desaliento de quienes, por la relevancia pública de sus quehaceres, se encuentran llamados a pensar institucionalmente, para tratar de reconducir a un espacio fértil esas hondas aspiraciones, de modo que se evite así la fractura de la propia sociedad. Representatividad, participación, garantías, igualdad, son los principales hitos del discurso para la regeneración democrática de nuestro país.

Adolfo Suárez Illana, septiembre de 2015

ESPAÑA, ESFUERZO Y ESPERANZA

Adolfo Suárez Illana, hijo del primer Presidente de la democracia española Adolfo Suárez González, nació en Madrid en 1964 y actualmente es Presidente Internacional de ONTIER, una de las principales empresas españolas de servicios jurídicos. Estudió Derecho en la Universidad CEU San Pablo y en la Universidad de Harvard. De 1990 a 1993, trabajó en el Banco Popular Español y en 1998 funda el bufete de abogados “Suárez & Illana S. L.”. Desde el año 2010 preside el despacho internacional de abogados ONTIER, que en la actualidad se encuentra en proceso de franca expansión internacional, lo que ha motivado una honda admiración y reconocimiento del sector de la abogacía española a la figura y labor realizada por su Presidente. En 2002 se afilia al Partido Popular y José María Aznar, por aquel entonces presidente del Gobierno, le incluye en el Comité Ejecutivo del PP y le designa candidato a la presidencia en las elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha, que se celebraban un año después. Por su relevancia pública, son igualmente conocidos aspectos de su vida personal y familiar como su pasión por el toreo y su lucha reciente contra un cáncer de cuello.

La Transición española, piedra de toque para la transformación de un país prisionero hasta entonces de odios viejos, ha sido últimamente cuestionada. Con ello no se persigue solo la enmienda de aquellos años como proceso constituyente, en el sentido de querer ver superadas reglas jurídicas necesitadas quizás de actualización, sino el reproche de los presupuestos, legitimación y afanes de ese proceso, la tacha de los próceres que de él formaron parte y la censura de sus resultados, que no han sido otros que los de la pacificación de la sociedad civil, la concordia de los españoles, la modernización del Estado y su asimilación a otras potencias europeas. Se hace entonces necesario recuperar la memoria vivida de aquellos años, para traer a nuestros días presentes el fértil fruto del proceso más trascendente de la historia última de España, así como las virtudes de sus protagonistas que, por ser también ellos ejemplo para todos, merecen ser ubicadas en el centro de nuestra vida en sociedad.

 

José Luis Bonet Ferrer, marzo de 2015

EMPRESA Y SEGURIDAD JURÍDICA

José Luis Bonet Ferrer nació en Barcelona en 1941 en el seno de una familia de empresarios. Estudió Derecho en la Universidad de Barcelona y se licenció, con premio extraordinario de licenciatura, en 1963. En 1966 fue nombrado director comercial de Freixenet, la empresa familiar. Posteriormente, se doctoró en Derecho por la Universidad de Barcelona y obtuvo un sobresaliente cum laude. Entre 1984 y 2012 fue Profesor Titular de Economía Política y Hacienda Pública de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. En marzo de 1999 fue nombrado presidente del Grupo Freixenet. Desde 2002, es Presidente de la Asociación de Marcas Renombradas Españolas y de la Asociación para el Fomento del Desarrollo Agroalimentario, además de ocupar desde julio de 2000, la presidencia de Alimentaria de Barcelona. En 2013 fue condecorado con la Medalla al Mérito en el Comercio. El 19 de noviembre de 2014 fue nombrado primer presidente de la Cámara Oficial de Comercio, Industria, Servicios y Navegación de España.

La seguridad jurídica, como producto aglutinante de los valores superiores y principios consagrados en nuestra Constitución, es un factor determinante para el desarrollo económico. Se trata pues de un presupuesto elemental para la ordenación de la vida en sociedad, inescindible por lo tanto del ejercicio de toda labor de naturaleza pública, tanto en los aspectos positivos como negativos del concepto. Si la primera acepción del instituto presupone confianza, como resultado de una conjugación igualmente elemental del principio de legalidad, la segunda es una clara manifestación del principio de interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos, pertenecida tanto a las relaciones de los poderes públicos entre sí como a la de estos con los ciudadanos.